
La iniciativa impulsada por el Copaipa y entidades vinculadas al sector propone repensar la planificación hídrica ante escenarios climáticos cada vez más extremos.
En el marco del Día Mundial del Agua, que se conmemora el domingo 22 de marzo, el Consejo Profesional de Agrimensores, Ingenieros y Profesiones Afines de Salta (Copaipa), junto a la Fundación Copaipa y la empresa Ysatí Ingeniería, desarrollarán una serie de actividades en el contexto de la Semana Conciencia y Acción por la Gestión y Cuidado del Agua 2026. La propuesta, -que tendrá como eje central el agua-, se llevará a cabo del lunes 16 al viernes 20 de marzo y reunirá a especialistas en hidrogeología, cuencas, infraestructura, cambio climático y servicios sanitarios, con modalidad híbrida.
El Ingeniero Francisco Javier Ramos, gerente comercial de Ysatí y uno de los organizadores de la jornada, explicó que el objetivo central es instalar una discusión profunda sobre la gestión del recurso hídrico en la provincia y en la región. “La problemática del agua no es nueva, sino histórica, y que los conflictos vinculados al recurso se repiten de manera cíclica, aunque con demandas cada vez mayores. La población crece, se requiere más alimento, más producción y, por lo tanto, más recursos y no tenemos la capacidad de fabricarla”, comentó.
Ramos detalló que cuando se habla de crisis hídrica en realidad se está frente a una crisis de distribución en el tiempo, en el espacio, en la calidad y en la accesibilidad. “Cuando tenemos exceso, sufrimos inundaciones; cuando tenemos déficit, enfrentamos sequías. El problema es cómo gestionamos esos extremos”, afirmó.
Gestionar el agua
El ingeniero sostuvo que la clave está en la planificación y en la infraestructura. “En el NOA, con un régimen monzónico que alterna períodos muy secos y húmedos, es indispensable contar con obras que permitan almacenar agua en épocas de abundancia y liberarla cuando escasea”, indicó. Como ejemplo, mencionó la importancia de represas como El Tunal o Cabra Corral, cuya existencia permitió amortiguar impactos en crecidas recientes. “Si no existieran esas infraestructuras, los efectos sobre los poblados ribereños habrían sido mucho más graves”, aseguró.
Consultado sobre si hoy falta tecnología o recursos económicos para gestionar mejor el agua, Ramos respondió que la tecnología está disponible, pero que el gran déficit es la planificación a largo plazo y la inversión sostenida. “La infraestructura hídrica es costosa y compleja. No se resuelve en dos o tres años. Necesitamos planes a 25 o 30 años, con programas de inversión de cinco años que realmente se ejecuten”, manifestó y añadió que, aun cuando se lograra cubrir toda la infraestructura necesaria, el proceso nunca se detendría porque los materiales se degradan y las condiciones cambian.
Más allá de las grandes obras, subrayó la importancia de lo que en ingeniería se denominan “medidas no estructurales”, vinculadas a la legislación, la reglamentación y el fortalecimiento institucional. Ramos indicó que en la provincia el principal instrumento normativo es el Código de Aguas, al que calificó como obsoleto y poco desarrollado frente a las demandas actuales. “Necesitamos actualizar la normativa y fortalecer las instituciones encargadas del manejo hídrico. Hoy la Subsecretaría de Recursos Hídricos tiene pocos recursos para abarcar toda la provincia”, detalló.
En ese sentido, planteó la necesidad de avanzar hacia una Ley de Cuenca que establezca reglas claras para el manejo del agua tanto en ámbitos rurales como urbanos. “Cuando se modifican los usos del suelo se generan excedentes hídricos que deben gestionarse dentro de cada campo para no trasladar el problema al vecino o a la infraestructura pública. El principal enemigo de la infraestructura vial es el agua mal manejada. Por eso vemos rutas colapsadas o con deterioro prematuro”, indicó.
Rol de los consorcios
Sobre los consorcios de riego, consideró que son una herramienta válida por su presencia territorial, aunque señaló que muchos carecen de infraestructura técnica suficiente para planificar adecuadamente. “Algunos han avanzado, pero la mayoría no tiene inversiones en canales impermeables o mejoras que reduzcan pérdidas. Son útiles, siempre que estén bajo una conducción estratégica y una normativa actualizada”, sostuvo. Asimismo, propuso avanzar hacia consorcios de cuenca que integren a productores, áreas urbanas y organismos como Vialidad o el ferrocarril, con una mirada más integral del territorio.
Construir, sino conservar
En las últimas dos décadas no hubo en la provincia grandes inversiones en infraestructura hídrica de envergadura. “Después de la década del 90 no se concretaron obras con el alcance de Cabra Corral o El Tunal. Y, además, muchas infraestructuras existentes no tuvieron el mantenimiento necesario”, afirmó y señaló que no se trata solo de construir nuevas obras, sino de monitorear y conservar las actuales, ya que el riesgo hídrico asociado a represas o sistemas sin control adecuado puede ser alto.
Sobre proyectos en marcha, como la ampliación de la Circunvalación Oeste y el canal previsto en paralelo, Ramos consideró positivo que las obras viales incorporen la variable hídrica, pero advirtió que es necesario analizar si concentrar grandes volúmenes de agua en un único conducto podría generar impactos aguas abajo. “Celebro que se ejecute infraestructura, pero siempre hay que pensar si no conviene distribuir y amortiguar el agua en distintos puntos antes de concentrarla”, explicó.
Otro aspecto que consideró crítico es la falta de medición e indicó que tras el cierre de estaciones en los años 90 se perdió capacidad de monitoreo, lo que dificulta la gestión eficiente. “Es muy difícil administrar lo que no se conoce. Necesitamos más estaciones de aforo y sistemas de medición para saber cuánta agua tenemos y cómo la usamos”, sostuvo.
Una semana para debatir la gestión del agua
En ese marco, la Semana Conciencia y Acción por la Gestión y Cuidado del Agua 2026 buscará justamente poner en discusión estos temas, convocando a especialistas de distintas áreas para abordar desde la hidrogeología hasta la gestión de servicios sanitarios, represas, cuencas e inundaciones urbanas. El objetivo es generar un espacio de reflexión técnica y pública.
“Tenemos que sentarnos todos los actores en la misma mesa y pensar una legislación y una planificación acordes a las demandas actuales, al cambio climático y a los nuevos usos del suelo”, concluyó Ramos.
Fuente: El Tribuno Campo.
